27 de febrero de 2019
Yes, sir...
También conocido como:
A buen entendedor...,
folie à deux
25 de febrero de 2019
20 de febrero de 2019
As caretakers, we feel drained when caring for another, and in order to take care of someone else, we need to take care of ourselves at the same time. -Jenna Morasca-

Hemos pedido a mis suegros que vengan a cuidar de BB una vez por semana, para poder tener (yo) algo de tiempo libre.
Desde que dijeron que sí me sentía como una niña chica pensando en qué hacer con ese unicornio mientras otra parte de mi cabeza replicaba "horas libres?? eso qué es?".
Esta tarde es la primera y, para el estreno, NB y yo nos vamos al cine.
Aunque ya sé que no debo, me siento muy mala madre por dejar al niño con alguien para irme de picos pardos. Pero lo necesito, un poco de tiempo para mí (o nosotros, en este caso), además, con el idilio que tiene con el abuelo quizá ni se percate de mi ausencia. Tiene 23 meses, creo que me lo merezco.
No debería ni tan solo dar estas explicaciones, pero la culpabilidad (autoimpuesta, casi siempre) viene en el pack de la maternidad. Igual que la capacidad para decirle a esas ideas, adiós muy buenas.
También me siento como el yonki antes de su chute, considerad que llevo dos años sin pisar una sala de cine. DOS AÑOS.
Y como una adolescente que tiene un cita. Como si no lleváramos casi 12 años juntos...jajajaja, en fin... voy a callar todas las voces y a disfrutar de mi tarde libre.
En resumen: a quererme un poco para poder tirar con todo lo demás.
19 de febrero de 2019
Drained

Llevo cuatro semanas bregando con dos bancos, una inmobiliaria bastante inepta y el registro de la propiedad.
Por un defecto insignificante en la nota simple del registro no puedo firmar la hipoteca.
Insignificante, pero como nadie es capaz de leerse con cariño dos párrafos...
Como su negocio ahora no son las hipotecas y no están dispuestos a si quiera valorar lo que salga de su guía de trabajo de robot...
Aunque los haya enviado subrayados y recuadrados, explicando el tema "pa' tontos".
La verdad... estoy agotada.
Pero como la interesada soy yo, pues toca seguir.
Atrapada en la burocracia de unos y otros.
Me cuesta creer que sea tan difícil comprar un piso.
Que sea tan complicado endeudarme (jajajaja).
16 de enero de 2019
Now that I know that wasn't love, that wasn't love, that was just hope

Me gustan esas canciones que me abofetean sin esperarlo.
Estar trabajando mientras Youtube decide qué suena en mis orejas y sentir ese zasca!
Esas canciones que provocan un repentino, intenso y pasajero vendaval. Que no deja a su paso más que una ligera sensación, un no sé qué en el fondo del corazón.
Ese vértigo inicial, ese ay ay ay, que tal como viene se va.
Algo parecido al recuerdo de ese sueño que casi rozas con la punta de los dedos pero no puedes agarrar.
Una película acelerada de momentos, imágenes, flashes que, a pesar del vacío en el estómago, pasan sin pena ni gloria.
Especialmente las desconocidas, esas que muchas veces ni siquiera parecen ser lo que son, si no paras atención a lo que dicen.
Was sleeping in a bed full of lies and now that I'm older, I can see why
Hope - Chainsmokers and Winona Oak-
7 de enero de 2019
4 de enero de 2019
2019
El año nuevo ha llegado y yo no me he dado cuenta.Sí, claro, celebré la Noche vieja, BB vio sus primeras campanadas y se comió una uva. Dije "feliz año" y brindé. Pero es como si eso no hubiera cuajado en mi cerebro adecuadamente y al cabo de dos o tres días me di cuenta de que estábamos (sí, tía) en enero.
Hacía mucho tiempo que no llevaba tal descontrol y no sentía esta desagradable sensación de no saber en qué día vivo, de tener que mirar en el móvil si hoy es jueves o viernes, de hablar "del martes" cuando me refiero en realidad al sábado. Suerte que solo quedan dos días... verdad?
Me recuerdo escribiendo listas de propósitos que más parecían la carta a los reyes magos, haciendo el balance del año que acababa... qué graciosa. Este año no hay nada, cómo va a haberlo si ni siquiera me enteré de que acababa?
No espero ni milagros ni grandezas, solo seguir lidiando con el día a día, poder seguir pasándomelo tan bien (y volviéndome tan loca) con esa cosita pequeña llamada BB y dando y recibiendo amor. Lo demás... sobre la marcha.
Feliz año a aquellos insensatos que os seguís dejando caer por aquí.
24 de diciembre de 2018
Jingle bells, jingle bells
21 de diciembre de 2018
Winter has come
15 de diciembre de 2018
10 de diciembre de 2018
Dame un silbidito
Había olvidado lo placentero que es sacar punta a los colores.
30 de octubre de 2018
Es una enfermedad psicosomática, un continuo y, sobre todo, una relación tóxica consigo mismo y con los demás.
Mucho más que ser guapos -Cuca Casado- Hace un par de semanas les hablaba del capital erótico y de cómo ciertos colectivos están estigmatizando la belleza, hasta tal punto que impiden que hombres y mujeres hagan valer esa forma de poder. Pero también mencioné vagamente que el capital erótico tiene una cara oscura y no es otra que el Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA).
Querer imponer unos cánones y prohibir otros está llevando a las personas a un choque entre el cuerpo vivido, compartido con los próximos y el reclamado por el mundo laboral, y como resultado supone una agresión para la persona. Ahí, en la presión por alcanzar o mostrar una ortodoxia corporal determinada, sin detenerse a analizar el resto de factores y capitales de que dispone la persona, reside la clave de los trastornos alimentarios y otras enfermedades.
He tenido la oportunidad de escuchar y hablar con Blanca Ruiz Múzquiz, psicóloga experta en TCA, y Manuel Faraco Favieres, psiquiatra con 22 años de experiencia en TCA, para hablar sobre esta enfermedad tan compleja y poder transmitir que no es una cuestión de querer ser guapos, sino mucho más. Es una adicción conductual y social, como lo puede ser al alcohol, sustancias, trabajo, etc.
Una enfermedad
En torno al TCA sobrevuelan ciertos mitos que no ayudan a comprender esta problemática. El TCA es una enfermedad con diferentes subtipos o polos y, a su vez, es síntoma de problemas psicológicos profundos. Uno de sus polos sería la expresión restrictiva-expulsiva (anorexia y bulimia), otro sería la compulsiva-descontrolada (trastorno por atracón, obesidad) y otro polo sería la obsesividad por lo saludable (ortorexia y vigorexia). No obstante, suele darse una combinación de los síntomas de los diferentes polos, pues alguien que padece una anorexia hace uso de la ortorexia para que lo poco que coma sea lo más saludable y menos perjudicial, según su parecer.
Es habitual creer que son personas superficiales, obsesionadas con la imagen y que “están así porque quieren”. Que no es tan grave, pues es sólo comida y que basta fuerza de voluntad para resolverlo. Nada más lejos de la realidad. Como dice Blanca Ruiz, la persona con el TCA vive una crisis de identidad y de confianza en sí mismo y con los demás. Son personas que no disponen de herramientas para afrontar la enfermedad. Es más, suelen ser las primeras que caen en los mitos, convirtiéndose en sus peores enemigos. Sufren una distorsión de la realidad tal que viven en una soledad absoluta (muertas en vida) y sienten una culpabilidad que, incluso, hacen cosas para denigrarse como personas (mutilaciones, promiscuidad). Es una enfermedad psicosomática, un continuo y, sobre todo, una relación tóxica consigo mismo y con los demás.
Sin embargo, el TCA es todo un síntoma de la familia. Sucesos traumáticos en la familia, como pueden ser abusos, abandono paternal, divorcio, duelos, etc., que no se resuelven o se resuelven deficientemente, pueden ser factores desencadenantes del TCA. Sobre todo, cuando la persona no dispone de habilidades y herramientas para gestionar las vivencias y muestra inseguridad y se infravalora. Todo ello, como dice Manuel Faraca, junto a la presión social ejercida sobre los cuerpos, la alimentación y los modelos estéticos, conduce a la persona a una conducta adictiva con relación a la comida, a través de la cual escapa de la realidad que no puede ni sabe abordar por falta de recursos y apoyos.
Víctimas y verdugos
No solamente la persona que padece el TCA es responsable de su situación, sino también el entorno familiar. Pues son familias en las que predomina la escasa autonomía y la sobreprotección. Son híperexigentes (entienden el éxito como un deber) y dan relevancia al aspecto físico y a la comida. Además, son familias que evitan el conflicto, con una mala gestión de las emociones y un apego dañado por negligencia, abandono o abusos, tal y como dice Blanca Ruiz.
Así, junto con la presión social y la imposición de determinados cánones, se va creando un círculo de aislamiento en el que se introduce la persona y se distorsionan las relaciones personales. Los problemas con la comida son sólo una pequeña parte del problema. La raíz consiste en una grave alteración psicológica, así como familiar y relacional.
En el TCA, como en cualquier dolencia, malestar o daño, confluyen diferentes factores y de ahí su multicausalidad y sus múltiples dimensiones. Es el resultado de la interacción de los distintos sistemas en los que se encuentra la persona. Desde el sistema más básico que es la familia, pasando por el sistema educativo, amistades, laboral y social. Dándose como norma en todos ellos unos cánones como aceptables, donde el patrón de belleza actual tiene la delgadez (cada vez más extrema) como valor moral positivo. A esa presión estética se le suma la presión por comer sano y tener unos hábitos de vida determinados en torno a la alimentación.
Una enfermedad de la que somos responsables todos
No deja de ser paradójico que los diferentes organismos sanitarios sean a la vez verdugos y parte de la solución. Como me decía Manuel Faraco, los médicos perjudican de una manera clara por indicaciones demasiado rígidas y demasiado estrictas, generando una nueva enfermedad con campañas demasiado radicales en torno al concepto de “comer sano”. Hemos pasado de lo “light” que ya no vende, a lo “sano” y “ecológico”, instaurando unas recomendaciones muy estrictas en cuanto a qué comer o no. Hasta tal punto que se habla de alimentos no sanos o tóxicos. Cuando realmente, los alimentos que se encuentran a la venta son sanos, pues todos han pasado unas medidas de seguridad, sanidad, higiene y calidad. Entonces, si todos los alimentos son sanos, ¿qué no lo es? Para Faraco la respuesta es sencilla: lo no sano es la frecuencia relativa con la que se consumen los alimentos.
Les pongo el ejemplo que Faraco me puso, ¿qué es mejor, una lechuga o una hamburguesa? Él dijo un rotundo “depende”. Si se busca un aporte calórico es evidente que es preferible la hamburguesa. Ahora bien, ¿es mejor comer lechugas a diario o hamburguesas? La respuesta es clara: preferible la lechuga. Es decir, el alimento per se no es malo sino la frecuencia con la que se consume. Se puede ir a un restaurante de comida rápida puntualmente. Pero cuando se convierte en una rutina es dónde pueden empezar a surgir los problemas. Y las autoridades sanitarias, en lugar de hablar de “frecuencia relativa”, optan por “esto no lo comas” o “esto es perjudicial” y esa radicalidad, en personas con predisposición, puede llevar a desarrollar un TCA. Un ejemplo claro es la ortorexia: de comer sano pasan a la obsesión por “comer sano”, hasta tal punto que los ortoréxicos no pueden comer en un restaurante (se llevan su propia comida) o sólo usan cubiertos de cerámica. Esa atención fijada de forma mantenida en la alimentación, junto con la restricción social que conlleva (libertad condicionada) son síntomas del TCA.
Por su parte, los medios de comunicación y redes sociales funcionan como megáfonos que repiten esas consignas “saludables” tan estrictas. Es cierto que los medios no tienen la culpa de la alta insatisfacción de las mujeres jóvenes con su cuerpo. Su efecto según diversos estudios es insignificante: sólo explicaría un 3% de esa insatisfacción. Pero sí son corresponsables al transmitir determinados cánones como los únicos y por difundir mensajes estrictos sobre la alimentación. Todo ello, junto con otros factores, conduce a que el 65% de los jóvenes españoles se sientan insatisfechos con su cuerpo, y que estos además se identifiquen con un patrón estético más delgado que el suyo. Pues el deseo de querer encajar en los cánones establecidos como norma y la presión social, a través de los medios y las redes sociales, fomentan esa insatisfacción.
Por si fuera poco, no disponemos de un marco legal que controle o al menos contemple evaluar la propaganda y publicidad que se hace sobre estas cuestiones. Me refiero a esas páginas y perfiles que repercuten negativamente en la salud individual y colectiva. No hablo ya de las páginas “pro-ana” y “pro-mía” (denominación a las webs que aconsejan cómo ser una buena anoréxica y bulímica), que también, sino de la cantidad de gurús de la alimentación y de moda y estética que fomentan los patrones rígidos y no saludables. Si a ello sumamos el cine y la televisión tenemos una bomba de relojería. No obstante, es bueno hablar de esta enfermedad y darle notoriedad y presencia en la sociedad, pero en las películas y series suele hablarse muy mal de ello. Un ejemplo es la película “Hasta los huesos” en la que se incide en la sintomatología con cierto morbo pero no se aborda la complejidad del problema. Manuel Faraco recomendaba como un buen ejemplo la película de “Cisne Negro”, en la que se aborda correctamente el TCA, así como las relaciones y la distorsión de las mismas en la protagonista.
¿Qué podemos hacer?
La respuesta es clara: no tirar la toalla. Habiendo vínculos saludables a todos los niveles es más difícil caer en el TCA. Si salimos de las rigideces en torno a la alimentación, al deporte y a la belleza, es posible operar con distintas culturas y conductas corporales. Pero sobre todo es necesario cuidar la salud mental. Por ello, es vital mentalizarse que el TCA es una adicción y como tal nos está diciendo que la persona no sabe o no puede relacionarse, que es su vía de escape de la realidad que vive, utilizando su cuerpo como barrera contra el exterior.
Manuel Faraco propone soluciones prácticas: cuidar la salud mental e incidir en la frecuencia relativa en torno a la alimentación (franjas de flexibilidad bien definidas). Además de aprender y dedicar tiempo a uno mismo y a los demás. Por su parte, Blanca Ruiz, facilitó a pacientes el ser su megáfono y yo he querido hacerme eco de sus testimonios (con su permiso) para comprender que la solución está en manos de todos y pasa por concienciar y apoyar. Una persona de 43 años le dijo “me gustaría que dejen de verlo como un estigma y tabú, que dejen de pensar que es algo de niñas delgadas. También hay gente con normopeso y sobrepeso que lo pasamos realmente mal”. Otra de 20 años decía “que sean conscientes de que es un trastorno y no un capricho. Si pudiera en un abrir y cerrar de ojos no tener esto, lo haría. Pero es muy complicado”. Una mujer de 60 años explicaba que “es mucho más complicado que estar gorda o delgada como la gente piensa. Es algo de las emociones, con los sentimientos, con el manejo y con heridas que tenemos”. Por último, una persona 31 años dio las “gracias por hablar por nosotras. Yo no puedo hacerlo porque me avergüenzo de lo que me pasa”.
Comprender las adicciones entraña entender que son el síntoma de una dolencia psicológica, emocional, que guarda una relación muy estrecha con la ausencia de vínculos saludables entre nuestros iguales. Entraña comprender que una persona inmersa en una adicción necesita apoyos, en lugar de aislamiento.
También conocido como:
Cine literatura y otros vicios,
Monsters are real
21 de octubre de 2018
Aim for the moon. If you miss, you may hit a star. -W. Clement Stone-
He pasado un mes y medio, más o menos, bastante extraño. Movidito.En un estado anímico y/o mental muy alejado de lo que es para mí, ahora, la normalidad (y demasiado cercano a la ciclotimia anterior).
Una de estas mañanas, sentada en el sofá, con BB en brazos acurrucadito en mi hombro y sus rizos haciéndome cosquillas en la nariz, disfrutando de ese olor suyo (de cría, de cachorro) que llega directo a mi cerebro reptiliano, a La Madre con mayúsculas, tuve una revelación de esas que me dan a veces.
El origen de ese malestar, esa agitación, ese enfado infantil con la vida, ese desagrado adolescente, no era ninguna de las cosas que pasaban por mi mente, no. Ninguno de esos motivos a los que racionalmente trataba de culpar de mi estado. Era, sencillamente, que había perdido el foco.
Andaba dejándome llevar por ideas estúpidas, nuevas o recurrentes, obcecándome en tonterías, y eso me distraía de lo importante, de lo primordial en esta etapa de mi vida, de lo que quiero ser y de cómo quiero serlo. En resumen, de lo que me hace feliz.
Y ese hilo, apenas una hebra, ha dado para tejer una bonita red.
Ha vuelto el equilibrio, vuelvo a estar bien.
18 de octubre de 2018
I wanna wake up where your love is 'cause your love is always waking mine
Es fácil perderse en la vorágine del día a día, que el tiempo pase volando y con él las semanas, los meses, los años... cuantas más obligaciones más rápido puede ir todo. Y nos perdemos, en ese río de minutos y horas, no hay espacio para nosotros, para atendernos, para amarnos, para mirarnos.
Pero entonces hay esos momentos.
Instantes en que todo se para, todo. Donde lo único que importa, que existe, que es, es el presente, el ahora, el goce del momento, de una mirada, de un susurro. Momentos en que olvidamos todo y hasta se nos puede quemar la comida.
Instantes que nos salvan, que nos devuelven al primer plano, a ser conscientes de nosotros mismos. Quizá solo de una parte, de esa que solemos llevar dentro oculta, relegada siempre a "cuando haya tiempo", a "cuando se pueda". Esa que tanto anhela ver, de vez en cuando, la luz del sol.
1 de octubre de 2018
A lot of us grow up and we grow out of the literal interpretation that we get when we're children, but we bear the scars all our life. Whether they're scars of beauty or scars of ugliness, it's pretty much in the eye of the beholder. -Stephen King-
30 de septiembre de 2018
No tengo el chichi pa' farolillos
Últimamente no estoy para chorradas.No sé si sigue siendo efecto del bajón de principio de mes que despertó a la pelirroja o a que algo ha ido llenando el vaso de mi paciencia, que es hondo, pero no infinito.
Ando en un estado extraño, diría desganada pero no, ganas de hacer cosas tengo, pero son las cosas que no puedo hacer y, las que puedo, no me apetecen. Así que, en lugar de invertir mi poco tiempo libre en algo productivo o bueno para mi estado mental, me idiotizo con candy crash, por ejemplo.
Quizá Twitter (donde ando muy activa dada mi poca interacción social) tenga algo que ver. Me explico. Cuando retomé mi relación con dicha red social, ya dije que podía ser el infierno. Ahora lo reafirmo.
He convertido Twitter en Instagram, sigo cuentas de fotografía, mayoritariamente (qué raro, eh?), pero eso no quita que tenga acceso a ciertos materiales nada apropiados para mí. Y es que están tan a mano... Algún día quiero ser psicóloga y no debería pensar esto pero... hay cosas que no se curan (en especial si no se tratan), solo permanecen latentes, van y vienen del primer plano de consciencia. Pero están ahí y, solo necesitan un hilito, uno muy fino, para agarrase y convertirlo en liana con la que saltar a la palestra.
El otro día vi un comentario y el montruo explosionó en mi cabeza. Sabéis esas tiendas de campaña de Decathlon que hacen puf y se montan solas en medio segundo? Algo parecido.
Y no consigo hacerlo callar. La constante pelea quizá ocupar dos tercios del vaso de la paciencia.
El otro tercio se lo come la gente que se mete donde no la llaman. Básicamente recibo comentarios de dos tipos (y suerte que ya he dicho que me relaciono poco): los graciosos sin hijos que no dejan de recordarme cosas que, al ser madre, no puedo hacer y los cotillas que quieren saber si voy a tener otro hijo. Me cansan, todos.
Si yo no me meto en la vida de nadie, ¿porqué no me pueden dejar en paz?
Si alguien sabe las cosas que no puedo hacer debido a la existencia de Bebé, soy yo, que he dejado de hacerlas. ¿No se le ha ocurrido a nadie? Creo que no hace falta un doctorado en astrofísica para llegar a ello.
Y, si en algún momento, mañana, de aquí a un mes, un año o diez, decido tener otro hijo, ya se enterarán (me crecerá la barriga, mucho), si nunca llega ese segundo embarazo será, quizá, que no quiero tener más. No creo necesario que ni yo ni nadie, tenga que dar explicaciones sobre si quiere tener 0, 1, 2 o 12 hijos.
Me agoto.
Hakuna matata, por favor, es del Rey León, una canción, aprendamos algo de cultura popular.
24 de septiembre de 2018
Cuando llegue lo bueno, si es que lo hubiera, no creería que llega ni aunque lo viera.
Tiene 18 meses y aún a veces lo miro y me pregunto si de verdad es mío.
Como si alguien, de repente, pudiera entrar por la puerta
y pidiendo disculpas por las molestias, llevárselo,
porque este niño precioso y bueno no era para mí.
23 de septiembre de 2018
21 de septiembre de 2018
Thanks god it friday
14 de septiembre de 2018
2. La ira
Bueno, bueno.Nunca dejamos de sorprendernos, ¿no es así?
Si algo creía conocer sobre mí misma era mi reacción a la pena, pensaba que esa era la emoción que mejor sabía gestionar. Pero este año (me niego rotundamente a usar la palabra aniversario, como si hubiera algo que celebrar, si sabéis de otra que pretenda significar lo mismo, amigos literatos, lo agradeceré), me ha sorprendido convirtiéndose en una especie de furia de difícil contención. En el otro lado de la moneda de las emociones, el enfado es la que peor gestiono.
¿Furia porqué? Pues no lo sé.
En las famosas cinco etapas del duelo, la ira es la segunda. Eso (teniendo en cuenta que era una niña, no me llevaron al psicólogo e iba haciendo por mi cuenta) debió de caer por... no sé, ¿finales de los 90? ¿A qué viene ahora? No lo sé, pero como buena introspectiva que soy, tengo una teoría al respecto:
Se terminó de llenar el vaso.
Leí en un artículo sobre el duelo lo siguiente "La mitad del duelo no es por lo que pasó, sino por las cosas que van a pasar en la vida de las que esa persona no va a formar parte". Todos los que hayan perdido alguien significativo supongo que lo entienden. Cuando trato de explicarlo a alguien que no ha pasado por ello, le digo que es como una sombra. Sí, el dolor rabioso y candente pasa, la depresión pasa, sigues adelante con tu vida y vuelves a ser feliz, por supuesto, pero siempre te acompaña una sombra. La ausencia de la persona fallecida siempre estará ahí y tendrás el trabajo de no permitir que esa sombra se coma la felicidad que estás sintiendo (la alternativa es volver a la depresión profunda). Bien, mi hijo tiene un año y medio y no se me ocurre otra cosa que haya deseado más compartir con ella en mi vida. Cada vez que tengo una duda, un mal día, está malo, necesito ayuda o aprende algo nuevo, le sale un diente, le mando una foto o un video con su última monería a alguien... veo la sombra por el rabillo del ojo, la espanto de un manotazo, no permito que me moleste. Pero eso va quedando ahí como un poso, gota a gota, día tras día. Y supongo que, simplemente, llegado el día (veis como necesito una palabra alternativa?) el vaso desbordó. Pero, en lugar de caer en la profunda depresión en la que sé que habría caído en cualquier otro momento, tomó forma de ira. Y aquí aparece la segunda teoría.
Se transformó en ira porque, simplemente, no puedo permitirme los cuatro o cinco días de semicatatonia que necesitaría para salir del pozo. Ni puedo, ni quiero, así que la pelirroja toma el control. Y me enfado. Sé lo infantil que suena y que quizá no sea muy productivo a largo plazo, pero así me siento.
Sé que no existe una justicia poética ni universal, ni una deidad benevolente que lleve las cuentas, pero aún así, siento una profunda rabia por necesitarla tanto y no tenerla. Porque los años sin ella se acumulen sin remedio. Porque mi hijo nunca la vaya a conocer.
Probablemente esto último sea lo que lo transforma todo en esta rabia roja y caliente que siento.
Bien, escribiendo he llegado al origen, magnífico, perfecto. No es que me sirva de mucho pero al menos puedo etiquetar el suceso dentro de mi mente maníaca del orden.
No sé, ya lo he dicho, este bloque de emociones se me escapa, se irá pasando con los días. Supongo.
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